La Fiscalía de Veracruz confirmó la muerte de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, luego de que pruebas periciales y forenses determinaran que los restos humanos localizados corresponden a ella.
Roxana había sido secuestrada por un grupo armado en Veracruz. Su desaparición encendió las alertas entre familiares, colegas y organizaciones defensoras de la libertad de expresión, que exigían avances urgentes para localizarla con vida.
La confirmación de su muerte vuelve a colocar en el centro una pregunta: ¿qué tan protegidas están realmente las periodistas locales en México?
Roxana era fundadora de Pulso Informativo del Sureste, un medio local de Nanchital, Veracruz, desde donde documentaba denuncias ciudadanas, fallas en servicios públicos, seguridad, política municipal y temas comunitarios.
Su caso no ocurrió en el vacío. Desde 2019 había solicitado apoyo institucional tras denunciar presunto acoso por parte de un funcionario municipal. Años antes, en 2017, su pareja, Carlos Fernández Escalante, fue asesinado a tiros en Nanchital, lo que la obligó a salir de Veracruz durante un tiempo.
La académica Grisel Salazar Rebolledo, de la Universidad Iberoamericana, advirtió que el caso evidencia las fallas estructurales de los mecanismos de protección a periodistas en México: respuestas tardías, trámites burocráticos y una política pública que no distingue los riesgos específicos de cada territorio.
El asesinato de Roxana también expone una violencia particularmente dura contra las periodistas locales. No se trata solo de informar: muchas veces son ellas quienes registran lo que ocurre en municipios donde el poder político, la violencia criminal y la falta de protección institucional se cruzan todos los días.
Además, ser mujer periodista implica enfrentar una doble exposición: la violencia contra la prensa y la violencia de género. Las periodistas no solo son atacadas por lo que investigan o publican; también enfrentan acoso, amenazas sexualizadas, campañas de desprestigio y agresiones que buscan disciplinarlas por ocupar espacios públicos de denuncia.
Mientras las autoridades suelen responder con comunicados y procedimientos lentos, las primeras horas en una desaparición o secuestro son cruciales. En el caso de Roxana, esas horas no alcanzaron para salvarla.
De acuerdo con Reporteros Sin Fronteras, al menos 28 periodistas permanecen desaparecidos en México. El país ocupa el lugar 122 de 180 en la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026.
La muerte de Roxana Guzmán no solo es una agresión contra una periodista. Es una pérdida para su familia, para su comunidad y para el derecho de todas las personas a estar informadas.

