La árbitra mexicana Katia Itzel García hará historia en la Copa del Mundo 2026. La FIFA la designó como árbitra central del partido entre Túnez y Países Bajos, correspondiente al Grupo F, que se disputará el jueves 25 de junio en el Estadio de Kansas City.
Con esta designación, García se convertirá en la primera mujer mexicana en dirigir como árbitra central un partido de un Mundial varonil. También será apenas la tercera mujer en asumir ese rol en la máxima competencia de selecciones nacionales, después de la francesa Stéphanie Frappart, quien dirigió el Alemania-Costa Rica en Qatar 2022, y de la estadounidense Tori Penso, que arbitró el República Checa-Sudáfrica en esta edición.
García, nacida en Ciudad de México en 1992, ya había participado en este Mundial como cuarta árbitra en los partidos Países Bajos-Japón, Inglaterra-Croacia y Estados Unidos-Australia. Ahora pasará al centro del campo en un nombramiento que confirma el crecimiento de su carrera internacional.
La árbitra mexicana estará acompañada por la asistente Sandra Ramírez, también mexicana, y por el español José Enrique Naranjo. El cuarto árbitro será el paraguayo Juan Gabriel Benítez.
La trayectoria de Katia Itzel García ya venía marcada por varios hitos. Fue la primera mujer en dirigir un partido de la Copa Oro masculina, también arbitró en el Mundial Femenil 2023 y participó en los Juegos Olímpicos de París 2024. En México, su presencia en la Liga MX también abrió camino en un espacio históricamente ocupado por hombres.
La presidenta Claudia Sheinbaum celebró la designación y dijo que García es un ejemplo de cómo se rompen estigmas sobre el lugar de las mujeres en el deporte. Su nombramiento llega en un Mundial donde las árbitras vuelven a ocupar un lugar visible en partidos varoniles de alto nivel, todavía en medio de resistencias, cuestionamientos y una vigilancia pública mucho más dura que la que suelen enfrentar sus pares hombres.
De acuerdo con algunas versiones, una de las recomendaciones que habría recibido Katia Itzel García antes de su debut mundialista fue no mirar redes sociales. La frase parece un consejo simple, pero dice mucho más: en el fútbol, cuando una mujer llega a un lugar de autoridad, la violencia casi se da por descontada.
No le dicen que no vea redes por casualidad. Se lo dicen porque sabemos cómo funciona esa conversación pública. Cuando una mujer arbitra, dirige, opina o decide en un espacio históricamente masculino, no solo se revisa su trabajo: se pone en duda su derecho a estar ahí. Un error no se lee como un error. Se usa como excusa para decir que las mujeres no deberían ocupar ese lugar.
Por eso el debut de Katia Itzel García importa. No porque tenga que demostrar que una mujer puede dirigir un partido mundialista, sino porque cada vez que una de nosotras ocupa el centro de la cancha, queda más claro que el problema nunca fue la capacidad. El problema era quién tenía permiso de mandar, decidir y equivocarse sin cargar con todo su género encima.
Katia no solo va a dirigir un partido. Va a pararse en el centro de una cancha mundialista, con el silbato en la mano, en un deporte que todavía se incomoda cuando las mujeres dejamos de mirar desde la tribuna y empezamos a tomar decisiones.


