Murió Gloria Steinem: “Sin igualdad en casa, no hay igualdad afuera”

Murió Gloria Steinem: “Sin igualdad en casa, no hay igualdad afuera”

Gloria Steinem murió a los 92 años y dejó una frase que, varias décadas después, sigue siendo una buena prueba para saber qué tan igualitarias son realmente nuestras vidas: “Las mujeres no serán iguales que los hombres fuera de su casa hasta que los hombres sean iguales que las mujeres dentro de ella”.

Porque sí, muchas cosas cambiaron desde que Steinem se convirtió en una de las caras más famosas del feminismo estadounidense. Las mujeres llegaron a espacios que durante generaciones les fueron negados, construyeron carreras, ocuparon cargos políticos, ganaron autonomía económica y dejaron de necesitar permiso para tomar muchas decisiones sobre sus propias vidas. Pero hubo una parte del trato que cambió bastante más lento: quién tiene tiempo para sí mismo y quién termina administrando, cuidando y sosteniendo buena parte de la vida familiar.

Y de eso hablaba Steinem. No de que las mujeres debieran quedarse en casa ni de que el hogar fuera “su lugar”, sino exactamente de lo contrario: de que la igualdad nunca iba a ser completa si los hombres no transformaban también el lugar que históricamente habían ocupado dentro de ella.

Gloria Steinem convirtió “cosas de mujeres” en asuntos de todos

Nacida en Ohio en 1934, Steinem comenzó como periodista y terminó convertida en una de las figuras más reconocibles de la segunda ola feminista en Estados Unidos.

Fue una de las fundadoras de Ms. Magazine, la revista que en los años setenta llevó al centro de la conversación temas que buena parte de los medios todavía trataban como asuntos privados o directamente evitaban: aborto, violencia, discriminación, sexualidad, trabajo y derechos de las mujeres.

También participó en la creación del National Women’s Political Caucus y pasó décadas defendiendo los derechos reproductivos, la participación política y la igualdad. Su influencia llegó mucho más allá de Estados Unidos y la convirtió en uno de esos nombres imposibles de separar de la historia contemporánea del feminismo.

Pero quizá una de sus ideas más interesantes sea también una de las más fáciles de entender.

No alcanza con cambiar lo que pueden hacer las mujeres si no cambia también lo que esperamos de los hombres.

Podemos tener igualdad en el papel y seguir negociándola todos los días

La frase de Steinem pega porque no necesita demasiada teoría para entenderse.

Una pareja puede considerarse completamente igualitaria y, aun así, descubrir que una persona tiene mucho más tiempo disponible que la otra. Puede haber dos carreras profesionales, dos salarios y dos personas convencidas de que los roles tradicionales quedaron en el pasado, mientras la responsabilidad de anticipar necesidades, organizar cuidados o adaptar horarios sigue cayendo mucho más de un lado que del otro.

Ahí la desigualdad deja de ser una discusión abstracta.

Porque disponer de tiempo también es poder. Poder aceptar un trabajo, estudiar, descansar, participar en política, tener vida social, ganar más dinero o simplemente hacer planes sin calcular primero quién se hará cargo de todo lo demás.

Por eso Steinem insistía en mirar también a los hombres. El gran cambio no podía consistir solamente en que las mujeres hicieran cosas que antes estaban reservadas para ellos. También tenía que cambiar la relación de los hombres con los cuidados, la crianza y las responsabilidades familiares.

Y no como “ayuda”. Si una responsabilidad es compartida, nadie está ayudando a nadie.

¿Cuánto cambió realmente la vida dentro de casa?

Ahí es donde su frase sigue pinchando más de medio siglo después.

Tenemos un lenguaje mucho más igualitario que el de generaciones anteriores. Hablamos de corresponsabilidad, cuestionamos los roles de género y cada vez resulta más extraño defender abiertamente que cuidar es responsabilidad de las mujeres.

La pregunta más interesante es qué pasa cuando dejamos de hablar y miramos cómo distribuimos realmente nuestro tiempo.

Quién modifica más su vida cuando llegan los hijos. Quién tiene mayor libertad para aceptar oportunidades laborales. Quién puede desconectarse de las responsabilidades familiares con mayor facilidad. Quién reduce su jornada o pone en pausa proyectos propios cuando alguien necesita cuidados.

No hace falta que una pareja reproduzca el modelo de hace 50 años para que sobrevivan pequeñas desigualdades que, acumuladas durante años, terminan pesando muchísimo.

Gloria Steinem murió; su frase todavía tiene trabajo por hacer

Steinem murió en Nueva York después de una vida dedicada al periodismo y al activismo. Durante décadas ayudó a sacar del terreno privado discusiones que hoy reconocemos como políticas y a cuestionar la idea de que la igualdad se conseguía simplemente permitiendo que las mujeres entraran a espacios antes reservados a los hombres.

Su famosa frase sobre la igualdad dentro y fuera de casa tiene justamente esa vuelta.

Tal vez una de las mejores formas de medir cuánto hemos avanzado no sea solamente contar cuántas mujeres llegaron a lugares donde antes no podían estar. También podemos mirar cuánto cambiaron los hombres en aquellos espacios y responsabilidades que durante siglos se consideraron femeninos.

Y ahí el aniversario de su muerte deja una pregunta bastante más interesante que cualquier homenaje: si miramos nuestras propias relaciones y familias, ¿la igualdad que defendemos afuera también existe puertas adentro?

Scroll al inicio