Gobernar sin mayorías: el desafío que enfrentará De la Espriella o Cepeda tras las elecciones en Colombia

  • Quien resulte presidente de Colombia para el periodo 2026-2030 va a necesitar algo más que votos el día de la elección. Va a necesitar mano política, porque el Congreso que lo recibe está fragmentado y no le va a regalar mayorías a nadie

Este domingo, los colombianos definieron entre el candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, que en primera vuelta sumó 10,3 millones de votos (43,74%), y el izquierdista Iván Cepeda, con 9,7 millones (40,90%) — dos proyectos políticos antagónicos que mantienen al país dividido, según informó la agencia EFE. 

El nuevo Congreso, elegido en marzo, entra en funciones el 20 de julio, dieciocho días antes de que el presidente electo se siente en la Casa de Nariño. Son 102 senadores y 183 representantes, más las curules que el Estatuto de la Oposición reserva para la fórmula derrotada. Y ese Congreso, de entrada, ya tiene un problema: nadie manda solo. La derecha llega con 71 congresistas, el centro con 66, la izquierda con 52, y hay otros 72 que no responden a ninguna etiqueta ideológica clara — así lo describe Congreso Visible, la plataforma de seguimiento legislativo de la Universidad de los Andes, según recogió EFE.

Cualquiera que gane va a tener que sentarse a negociar, todo el tiempo, durante cuatro años.

Si gana De la Espriella

La derecha sería el bloque más numeroso. De la Espriella se presenta como independiente, por el movimiento Defensores de la Patria, pero ya tiene una base propia: los cuatro escaños que Salvación Nacional, partido de ultraderecha, sacó en el Senado en marzo. Súmale el respaldo que le llegó para la segunda vuelta desde sectores del Conservador, el Partido de la U y el Liberal — apoyos que, en teoría, le facilitarían armar una coalición de gobierno.

El problema es que De la Espriella ha hecho campaña diciendo que no va a repartir cargos ni cuotas burocráticas para conseguir votos en el Congreso, que va a apelar a la “responsabilidad histórica” de los legisladores. Esa promesa se le puede volver en contra rápido, porque un Congreso fragmentado no funciona con buenas intenciones — funciona con acuerdos concretos. Y enfrente va a tener una izquierda más fortalecida que en el Congreso anterior, lista para bloquear lo que considere necesario.

Si gana Cepeda

El panorama no es más cómodo. El Pacto Histórico quedó como la fuerza individual más grande del Legislativo, con 25 senadores y representación importante en Cámara — mejor de lo que tuvo Gustavo Petro cuando arrancó su gobierno en 2022. Pero eso tampoco es mayoría. Para mover reformas estructurales, Cepeda va a tener que buscar al centro, a los independientes, y hasta a sectores tradicionales.

Y ahí está la advertencia que deja el propio gobierno de Petro: llegó con una coalición que se le fue deshilachando, y terminó trabado para sacar adelante varias de sus reformas más ambiciosas. Gobernar sin mayorías sólidas tiene ese costo.

El árbitro de todo esto

Con 66 congresistas entre las dos cámaras, el centro queda en posición de árbitro — el bloque que puede inclinar votaciones clave y que cualquiera de los dos, De la Espriella o Cepeda, va a necesitar cortejar. Sumale los 72 legisladores sin bandera ideológica definida, muchos atados a movimientos regionales, que se mueven según la coyuntura de cada proyecto de ley.

Al final, más allá de lo que separa ideológicamente a estos dos candidatos, lo que va a definir si el próximo gobierno funciona o no es esto: quién sabe negociar, quién construye consensos, quién mantiene alianzas que no se rompen a la primera. Eso, tanto como la victoria en las urnas.

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