Efecto Gaza

Por Omar Barghouti, cofundador del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS).

El sistema de derecho internacional creado tras la Segunda Guerra Mundial tuvo innumerables falencias y fracasó en detener las guerras y genocidios de la segunda mitad del siglo XX. Y ahora parece totalmente enterrado bajo los escombros del genocidio israelí en Gaza. Sin embargo, si Gaza fue el comienzo de una nueva era de impunidad, puede también ser el comienzo del cambio.

Durante los últimos dos años de genocidio transmitido en vivo, el eje Estados Unidos – Israel logró corromper o paralizar a todas las instituciones internacionales cuya función era prevenir o responder a estos horrores. En agosto de 2024, el ex embajador israelí ante la ONU rompió la Carta de las Naciones Unidas desde el podio de la Asamblea General, al tiempo que pedía que la sede de la ONU fuera “borrada de la faz de la Tierra”. Ni la Corte Penal Internacional, la Corte Internacional de Justicia ni los otros organismos de la ONU lograron que sus Estados miembros cumplan sus fallos y resoluciones.

Gaza como experimento de una brutalidad sin límites

Hoy vemos cómo se normaliza la violencia colonial más brutal, más allá de Palestina. Trump está expandiendo la política de agresión militar directa, la completa negación de los derechos internacionales en Venezuela y toda Nuestra América. México, Cuba y Colombia están también en la mira de la Casa Blanca, y ahora también Groenlandia. Resulta más urgente que nunca buscar alternativas al mundo de la ley del más fuerte que nos quieren imponer. Crear una ola global de resistencia contra los designios coloniales de Estados Unidos – Israel es ahora una necesidad existencial para la humanidad, para salvarnos del abismo del caos total, el sufrimiento inmenso y, posiblemente, una guerra nuclear.

La agresión imperialista de Estados Unidos en Venezuela y en todo el sur global, incluida la amenaza de quedarse con territorios controlados por sus aliados de la OTAN, demuestra que el genocidio en Gaza -que continúa- con las masacres más indescriptibles fue solo el comienzo. Como lo había advertido la sociedad civil palestina y también lo expresó el presidente colombiano Gustavo Petro, “Gaza es solo el primer experimento para considerarnos a todos y todas desechables”.

La agresión mortal y los designios coloniales de Estados Unidos no son novedad para el sur global. Las vimos históricamente desde Hanoi hasta La Habana y desde Bagdad hasta Kabul y, a lo largo de su corta historia, el país del norte intervino más de 70 veces en la región de América Latina y el Caribe. Pero a este punto, Estados Unidos demuestra -y dice explícitamente- que ya ha abandonado toda pretensión de defender los derechos humanos y la democracia. Ahora se trata de un control colonial y un saqueo descarados. Esta es la primera vez que una ciudad sudamericana es bombardeada por una potencia extranjera, declaradamente para controlar las enormes reservas de petróleo y otros bienes comunes de Venezuela, a costa de su soberanía, el derecho a la autodeterminación y el derecho internacional. Como dice Trump mismo: “La doctrina Monroe es muy importante, pero la hemos superado con creces. Ahora la llaman doctrina Donroe… Bajo nuestra nueva estrategia de seguridad nacional, el dominio estadounidense en el hemisferio occidental nunca volverá a ser cuestionado”. 

La doctrina Donroe se basa en teorías y mecanismos probados con el pueblo palestino, y se ve reforzada por el “experimento” genocida de Israel en Gaza y la total impunidad con la que lo ha perpetrado. “En un mundo donde incluso el genocidio no es una línea roja, no hay líneas rojas”, dijo el ex alto funcionario de derechos humanos de la ONU, Craig Mokhiber.

Gaza como experimento de dominio imperial

Hace unos días, la administración estadounidense anunció unilateralmente la creación de una supuesta “Junta de Paz” para Gaza, liderada por el presidente Trump, en una declaración que omitía por completo cualquier mención al pueblo palestino. Esta junta está repleta de políticos y multimillonarios proisraelíes y designa a un exenviado de la ONU, partidario de Israel y controlado por el régimen despótico de los Emiratos Árabes Unidos, como virrey colonial de la Franja de Gaza, ocupada ilegalmente. No es más que un intento apenas velado de normalizar el genocidio que está llevando a cabo Israel, rehabilitar su régimen genocida y rescatarlo de su aislamiento global. Esta junta forma parte del plan genocida de Netanyahu-Trump para crear una coalición aparentemente “internacional” que controle Gaza en nombre del régimen israelí, de modo que este pueda continuar, de forma menos visible, su genocidio, con asesinatos continuos y la denegación sistemática de alimentos adecuados, agua potable, vivienda, servicios sanitarios, etc. Después de todo, el objetivo final de Israel desde la Nakba de 1948 siempre ha sido la limpieza étnica del mayor número posible de palestinos y palestinas. Por lo tanto, todos los Estados o individuos que participen en esta “Junta de Paz” deben ser considerados responsables de complicidad en el genocidio, el apartheid y la ocupación ilegal.

Pero Trump no se detiene aquí. El objetivo es sustituir gradualmente a la ONU por su “Junta de Paz” para “mediar” en los conflictos mundiales, mencionando expresamente a Venezuela, y dictar políticas a las naciones más débiles. Esto demuestra, más allá de cualquier especulación, que el plan de Estados Unidos e Israel para Gaza está destinado a aplicarse a nivel mundial.

Gaza como camino a seguir

A pesar de todos los crímenes atroces, Israel finalmente no ha logrado obligar al pueblo palestino a rendirse. Por el contrario, hoy se encuentra más aislado y económicamente más débil que nunca. Si lo miramos con detenimiento, la estrategia de “conmoción y pavor” del eje Estados Unidos-Israel pone de manifiesto la debilidad del imperio y bien podría ser el principio del fin del sistema internacional dominado por Estados Unidos.

Pero los imperios no caen por sí solos. Para encontrar la salida de este rápido descenso hacia la era de “la ley del más fuerte” promovida por Israel y Estados Unidos, resulta fundamental no olvidar dónde comenzó esta nueva fase que termina por completo con el derecho internacional.

Esto significa que, para detener al imperio, primero hay que detener a Israel y exigirle responsabilidades. Liberar Palestina es liberar a todos los pueblos del mundo.

Llegó la hora de construir amplias coaliciones interseccionales que pongan en primer plano el repudio al nuevo orden de violencia e impunidad que quiere instalar el eje genocida Estados Unidos – Israel. La mayoría global debe imponer límites a este eje genocida como medida necesaria para poder defender la primacía y la aplicabilidad universal del derecho internacional y defender los derechos a la soberanía y la autodeterminación, y debe adoptar una postura decisiva contra la agresión y todos los crímenes y criminales internacionales. Esto exige poner fin al “experimento de Gaza” y dar el ejemplo al exigir responsabilidades a los Estados fuera de la ley que cometen descaradas agresiones, genocidios o apartheid en cualquier lugar.

Esto debe comenzar cortando relaciones militares, económicas, comerciales, diplomáticas y académicas con el Israel del apartheid, tal y como han pedido muchos y muchas expertas en derechos humanos de la ONU, ya que Israel es el régimen más ilegal del mundo.

Rechazar las juntas de “paz” de Trump debe ir de la mano con la protección y la reforma de la ONU y sus instituciones. Es urgente activar los mecanismos de la ONU para contrarrestar la era de la ley del más fuerte y descolonizar la ONU para que sea más representativa de la mayoría global y menos dependiente —o vulnerable a la coerción— de regímenes profundamente implicados en el colonialismo, el neocolonialismo, la agresión y los crímenes atroces.

Los gobiernos deben asumir su responsabilidad: el miedo no protege ni ayuda. Solo obstaculiza la construcción de la alianza indispensable para resistir la embestida. Solo la acción conjunta podrá construir la salida de la era de la ley del más fuerte.

Scroll al inicio