Este jueves, un ataque aéreo israelí contra un grupo de civiles en el barrio de Tuffah, en la ciudad de Gaza, dejó dos personas muertas y varias heridas. En el sur del enclave, el Ejército israelí confirmó haber abatido a un tercer hombre, al que describió como “un militante que representaba una amenaza inminente”. En total: tres muertos más en un día cualquiera de lo que oficialmente sigue siendo un alto al fuego.
Una tregua que nunca fue paz
El cese al fuego entre Israel y Hamas entró en vigor en octubre de 2025, negociado bajo la mediación de Estados Unidos. Desde entonces, el propio Israel ha reconocido que se han producido violaciones al acuerdo, y organismos de la ONU documentaron que en las primeras semanas del alto al fuego, Israel cometió al menos 393 violaciones, con un saldo de 339 palestinos muertos —más de 70 de ellos niños— y más de 871 heridos.
Lejos de mejorar, la situación se recrudeció en enero de 2026, cuando una oleada de ataques dejó al menos 28 muertos en un solo día, la mayor ola de violencia desde el inicio de la segunda fase del acuerdo. Para febrero, las autoridades de Gaza estimaban que unos 520 palestinos habían sido asesinados desde que comenzó la tregua, incluyendo mujeres y niños, con otras 1,400 personas heridas.
La segunda fase: promesas sobre escombros
En enero, el acuerdo avanzó formalmente hacia su segunda fase, que en teoría debía implicar la retirada adicional de tropas israelíes, el inicio de la reconstrucción y la creación de un órgano técnico de administración palestina supervisado internacionalmente. La Casa Blanca lo vendió como “el paso de una tregua frágil a una transición política sólida”.
Pero la realidad sobre el terreno cuenta otra historia. Hamas condicionó el inicio de esta fase a que Israel dejara de violar el acuerdo y reabriera el cruce de Rafah con Egipto para permitir el ingreso de ayuda humanitaria, algo que Israel ha incumplido sistemáticamente. Mientras los negociadores hablan de “reconstrucción”, en Tuffah siguen cayendo bombas sobre grupos de personas.
El número que no debería normalizarse
Más de 72,000 palestinos han muerto desde que Israel inició su ofensiva tras el ataque de Hamas del 7 de octubre de 2023. La mayoría, civiles. Israel afirma que en ese ataque murieron 1,200 personas de su lado, cifra que el gobierno de Netanyahu ha utilizado para justificar más de dos años de bombardeos, hambre inducida y destrucción sistemática de infraestructura en Gaza.
La tensión tampoco cede en otros frentes: en Cisjordania, colonos israelíes han incendiado comunidades beduinas, y en el sur del Líbano Israel sigue lanzando operaciones pese a existir también un acuerdo de tregua.
Palestina Libre
Lo que está ocurriendo en Gaza no es el fracaso de una tregua: es la continuación de una guerra con otro nombre. Israel ha convertido los acuerdos de alto al fuego en un instrumento de gestión de la presión internacional, no en un compromiso real con el fin de las hostilidades. Cada “militante neutralizado” que anuncia el Ejército israelí viene acompañado de civiles muertos que aparecen en las estadísticas del Ministerio de Salud de Gaza y desaparecen de los titulares occidentales en cuestión de horas.
La segunda fase del acuerdo, supervisada por Washington, parte de una premisa que beneficia únicamente a Israel: el desarme de Hamas como condición para la reconstrucción. Es decir, primero Palestine se desarma, después —quizás— se reconstruye. Mientras tanto, las bombas no esperan.
Una tregua en la que una de las partes sigue bombardeando no es una tregua. Es una ocupación con mejor cobertura mediática.
