Angela Davis y Gina Dent: feminismo, cárceles y una protesta en la UNAM

Angela Davis y Gina Dent en la UNAM durante la FILUNI

Angela Davis y Gina Dent llegaron a la UNAM para hablar de feminismo abolicionista y del fin del sistema carcelario. Pero antes de comenzar, estudiantes nombraron a mujeres que murieron bajo custodia del Estado. La protesta terminó poniendo sobre el escenario las mismas contradicciones que ambas llevan décadas estudiando.

Había gente formada desde las seis de la mañana para ver a Angela Davis y Gina Dent en la FILUNI. Los 700 lugares de la Sala Miguel Covarrubias se agotaron y tuvieron que habilitarse espacios para seguir la transmisión. No era para menos. Davis es una de las figuras más importantes del feminismo y el movimiento antirracista del último medio siglo.

Nacida en Birmingham, Alabama, creció en el llamado Dynamite Hill, un barrio afroamericano atacado repetidamente por supremacistas blancos. Militante comunista y antirracista, en 1970 fue acusada de asesinato, secuestro y conspiración después de que armas registradas a su nombre fueran utilizadas en un intento de fuga de un tribunal.

El FBI la colocó entre sus diez personas más buscadas. Fue capturada y pasó alrededor de 16 meses presa hasta ser absuelta en 1972. Su caso generó la campaña internacional Free Angela Davis y hasta llegó al rock: John Lennon y Yoko Ono le dedicaron Angela y los Rolling Stones, Sweet Black Angel.

La cárcel terminaría atravesando su pensamiento: ¿qué pasa cuando las instituciones creadas para combatir la violencia también la producen?

Gina Dent: pareja, compañera y pensadora abolicionista

A su lado estaba Gina Dent, pareja de Davis desde hace más de 30 años, pero también una intelectual con una extensa trayectoria propia.

Doctora por la Universidad de Columbia y profesora de Humanidades en la Universidad de California en Santa Cruz, Dent trabaja sobre feminismos negros, raza, cultura y sistema penitenciario. También codirige Visualizing Abolition, un proyecto que cuestiona una asociación profundamente instalada: cárcel igual a justicia.

Juntas presentaron Abolición, feminismo, ¡ahora! Hacia el fin del sistema carcelario, escrito junto con Erica R. Meiners y Beth E. Richie.

El argumento no es simplemente “cerrar las cárceles”. Las autoras hacen una pregunta bastante más incómoda: si después de décadas de policías, prisiones y endurecimiento de penas seguimos teniendo feminicidios, violencia sexual y racismo, ¿por qué seguimos considerando el castigo nuestra principal solución?

La protesta puso la teoría sobre el escenario

Antes de que comenzara la conversación, estudiantes denunciaron la criminalización de la comunidad universitaria, la falta de respuestas frente a las violencias contra las mujeres y realizaron un pase de lista.

Rosa. Vanesa. Viridiana. María Elena. Mónica. Valeria. Diana Laura.

Mujeres que murieron bajo custodia estatal en el penal de Santa Martha Acatitla. Mientras pronunciaban sus nombres, la transmisión de la UNAM describió lo que sucedía como una protesta “anticarcelaria”, sin explicar que estaban nombrando a mujeres fallecidas dentro del sistema penitenciario.

Después vino la tensión. Parte del público pidió que comenzara la conferencia y circuló en redes el enfrentamiento entre una autoridad universitaria y las manifestantes. Y ahí apareció la paradoja. La UNAM había invitado a dos de las principales voces del feminismo abolicionista para discutir cómo las instituciones recurren al castigo y al control frente al conflicto. Cuando el conflicto apareció físicamente frente al escenario, la prioridad fue recuperar el orden.

Eso no significa que cualquier protesta sea incuestionable. La discusión interesante es otra: ¿qué significa escuchar a Angela Davis si sus ideas solamente resultan cómodas mientras permanecen dentro de un libro?

El feminismo de Davis tampoco es mujeres contra hombres

La escena dejó otra contradicción. Algunos discursos separatistas chocaron con una autora cuyo pensamiento nunca se ha limitado a dividir el mundo entre mujeres y hombres.

Davis analiza el poder desde las intersecciones entre género, raza, clase, sexualidad, capitalismo y Estado. Incluso ha estudiado cómo el mito racista del “violador negro” fue utilizado históricamente para perseguir a hombres afroamericanos.

Su feminismo obliga entonces a plantear una pregunta difícil: cuando buscamos proteger a las mujeres, ¿qué instituciones fortalecemos para hacerlo?

Abolir no es solamente quitar cárceles

Dent insistió durante la presentación en una idea central: los problemas de género no pueden solucionarse únicamente mediante las cárceles. Para ellas, abolir también significa construir. Salud, vivienda, educación, cuidados, redes comunitarias y mecanismos capaces de atender la violencia antes de que ocurra. No se trata simplemente de preguntar qué hacemos con quien ejerce violencia, sino qué condiciones permiten producirla una y otra vez.

Davis también habló de México y de la necesidad de convertir la energía de las movilizaciones en organización capaz de producir cambios, incluida la lucha contra el feminicidio. Dent recuperó además una idea de la abolicionista Mariame Kaba: la esperanza es una disciplina.

Ambas cerraron con un posicionamiento en favor de Palestina. Quizá por eso lo más interesante de la visita de Angela Davis y Gina Dent a la UNAM ocurrió incluso antes de que comenzaran a hablar.

Una mujer que estuvo presa y fue perseguida por el FBI llegó a México para cuestionar la idea de que cárcel y justicia sean sinónimos. Frente a ella, estudiantes pronunciaron los nombres de mujeres que murieron dentro de una cárcel. 

Por unos minutos, la discusión dejó de ser académica. Y quedó la pregunta que atraviesa todo el feminismo abolicionista: si el castigo no ha terminado con la violencia contra las mujeres, ¿qué estamos dispuestas a construir en su lugar?

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