El estruendo de los helicópteros y el fuego cruzado en las zonas serranas de México no solo marcaron el fin de Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho”; también detonaron una nueva batalla en los despachos de la diplomacia.
Mientras el polvo de los enfrentamientos aún no se asienta y varias entidades del país intentan recuperar el aliento tras una jornada de bloqueos y violencia reactiva, la narrativa sobre quién ganó realmente esta guerra ha comenzado a disputarse en ambos lados de la frontera.
Crónica de una caída anunciada: 24 horas de fuego y silencio
La operación que terminó con el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) no fue un evento fortuito. Fue el clímax de meses de seguimiento silencioso por parte de las fuerzas federales mexicanas. Sin embargo, en cuanto se confirmó el deceso, la maquinaria mediática de Estados Unidos se apresuró a reclamar su parte del botín simbólico.
En una entrevista para Fox & Friends, el exadministrador de la DEA, Derek Maltz, no escatimó en adjetivos, calificando la eliminación del capo como un “golpe histórico” para la seguridad estadounidense. Mientras tanto, en las redes sociales, el expresidente Donald Trump lanzaba su habitual dardo diplomático:https://www.youtube.com/watch?v=FO2ozTx7k9Y
“Excelente entrevista con el patriota estadounidense Derek Maltz… ¡México debe intensificar sus esfuerzos contra los cárteles y las drogas!”
La frase de Trump, cargada de una condescendencia ya conocida, ignora sistemáticamente que la sangre derramada en el asfalto mexicano es, en gran medida, la respuesta a una estrategia de seguridad que México ejecuta mientras lidia con el flujo incesante de armamento que llega desde el norte.
Inteligencia compartida: ¿Cooperación o dependencia?
Es innegable que el operativo contó con información estratégica de agencias estadounidenses, un hecho confirmado por la Casa Blanca y reportado por medios como Infobae. No obstante, esta “colaboración” es vista desde Palacio Nacional con una mezcla de pragmatismo y cautela. México ha dejado claro que, si bien la inteligencia es bienvenida, la ejecución y el costo social los asume el Estado mexicano.
Esta captura ocurre en un momento donde el CJNG ya figura en las listas de organizaciones terroristas de EE. UU., una etiqueta que México observa con recelo, pues suele ser la antesala de discursos intervencionistas que vulneran la soberanía nacional.
El “Muro de Acero” que Washington no quiere ver
Aquí reside la gran contradicción del conflicto. Mientras Trump y otros sectores de Washington amenazan con cerrar fronteras o designar ejércitos extranjeros como terroristas, mantienen los ojos cerrados ante el mercado que alimenta la guerra.
El análisis es frío y contundente: el 74% de las armas incautadas en escenas de crímenes letales en México provienen de armerías en Estados Unidos. Resulta hipócrita exigir que México “intensifique sus esfuerzos” cuando el vecino del norte funciona como el supermercado bélico de los mismos cárteles que dice combatir. Cada fusil de asalto que cruza la frontera hacia el sur es una prueba de que Estados Unidos no ha librado su propia batalla interna contra el tráfico de armas, prefiriendo externalizar el costo de la violencia hacia su vecino.
La Estrategia Sheinbaum: Un enfoque desde la soberanía
Pese a las constantes amenazas y el ruido electoral proveniente de Estados Unidos, la administración de Claudia Sheinbaum ha mantenido un rumbo propio. La estrategia mexicana no se ha limitado a la caza de “objetivos prioritarios” —un modelo que a menudo solo atomiza a los cárteles— sino que ha dado resultados tangibles en la raíz del problema:
Incautaciones récord: La destrucción de laboratorios y el decomiso de precursores químicos han frenado toneladas de fentanilo antes de que crucen la frontera.
Reducción de sobredosis: Estos esfuerzos han impactado directamente en la crisis de salud pública estadounidense, reduciendo las muertes por sobredosis.
México está librando una batalla de dos frentes: contra el crimen organizado y contra la narrativa de un Washington que busca atribuirse los éxitos mientras ignora su responsabilidad en el suministro de armas y la demanda de consumo. La caída de “El Mencho” es un triunfo de la inteligencia mexicana, pero también un recordatorio de que, mientras las balas sigan fluyendo desde el norte, la paz seguirá siendo una meta esquiva que ninguna amenaza de Trump podrá resolver.