Sergio Isaías Hernández Mazón, “El Chabelo”, ligado por autoridades estadounidenses a una red del Cártel de Sinaloa, habría asesinado a Carolina y a un amigo de ella antes de suicidarse. La Fiscalía reveló que existían antecedentes de violencia y que, apenas 15 días antes, habría intentado dispararle a su pareja.
El caso de narco y feminicidio que terminó con tres cuerpos dentro de una camioneta en Hermosillo muestra una dimensión de la violencia criminal de la que se habla mucho menos: la que enfrentan las mujeres dentro de relaciones afectivas con hombres vinculados a organizaciones del narcotráfico.
La Fiscalía General de Justicia del Estado de Sonora concluyó que Sergio Isaías Hernández Mazón, alias “El Chabelo”, asesinó a su pareja, Carolina “N”, y a Jesús Ricardo “N”, amigo de ella, antes de suicidarse el pasado 8 de agosto. La investigación permitió establecer la secuencia a partir de videograbaciones con audio, testimonios y análisis forenses.
Carolina había mantenido una relación con Sergio Isaías durante aproximadamente tres años. Carlos Alberto Flores, comisario de la Agencia Ministerial de Investigación Criminal (AMIC), informó que existía un historial de violencia y celos hacia ella. La nueva información aportada por sus familiares muestra que la situación había alcanzado un nivel de riesgo extremo antes del feminicidio.
Aproximadamente 15 días antes del asesinato, “El Chabelo” habría colocado una pistola en el abdomen de Carolina e intentado dispararle. El arma no se accionó y el hombre se retiró, según el testimonio de la familia recabado por las autoridades. No existía una denuncia formal ante la Fiscalía por ese episodio ni por otras agresiones anteriores.
Narco y feminicidio: los antecedentes de “El Chabelo”
La violencia contra Carolina no era el único antecedente de Sergio Isaías. De acuerdo con las autoridades estatales, tenía registros relacionados con lesiones, violencia intrafamiliar, homicidio simple doloso y daños. Además, había sido identificado por autoridades estadounidenses como integrante de una estructura vinculada con el Cártel de Sinaloa.
El 7 de noviembre de 2023, la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) del Departamento del Tesoro de Estados Unidos sancionó a Hernández Mazón por formar parte de una red relacionada con el lavado de activos para la organización criminal.
Las autoridades estadounidenses también lo vincularon con Juan Carlos Morgan Huerta, alias “El Cacayo”, identificado como jefe de plaza del Cártel de Sinaloa en Nogales. De acuerdo con el Departamento del Tesoro, esa estructura estaba relacionada con el tráfico hacia Estados Unidos de cocaína, heroína, metanfetamina y fentanilo.
La OFAC también sancionó a Comercializadora Villba Stone, empresa con sede en Nogales que señaló como propiedad o bajo control de Hernández Mazón. La AMIC confirmó posteriormente que la estructura a la que pertenecía “El Chabelo” operaba en esa ciudad bajo el mando de “El Cacayo”.
Estos antecedentes permiten entender el contexto en el que Carolina enfrentaba violencia de pareja. No se trataba únicamente de un hombre señalado por comportamientos violentos y de control, sino de alguien con acceso a armas y presuntos vínculos con una estructura criminal.
Una agresión con arma apenas 15 días antes
El episodio ocurrido dos semanas antes del feminicidio resulta especialmente relevante para dimensionar el riesgo en el que se encontraba Carolina. Según relató su familia, Sergio Isaías no solo la había amenazado, sino que habría colocado una pistola contra su abdomen e intentado accionarla.
La ausencia de una denuncia previa forma parte de la información proporcionada por las autoridades, pero no explica por sí misma por qué Carolina permaneció en esa relación ni permite trasladarle la responsabilidad de lo ocurrido. La violencia de pareja puede generar condiciones de miedo, control y dependencia que dificultan pedir ayuda o abandonar al agresor.
En este caso existía, además, un elemento que agrava la discusión: el presunto agresor tenía acceso a armas y estaba relacionado, según autoridades mexicanas y estadounidenses, con una estructura del crimen organizado. El caso plantea así la necesidad de analizar qué condiciones de protección existen para las mujeres que enfrentan violencia dentro de entornos donde las amenazas pueden estar respaldadas por armas, recursos y redes criminales.
Carolina estaba acompañada por un amigo
La Fiscalía también aclaró la relación entre Carolina y Jesús Ricardo, el segundo hombre asesinado. De acuerdo con la AMIC, él no tenía vínculos con el crimen organizado, se dedicaba a actividades lícitas y mantenía una relación de amistad con Carolina.
Según la reconstrucción oficial, la noche del 7 de agosto ambos estuvieron en establecimientos de Hermosillo y posteriormente llegaron a un residencial ubicado en la zona de Camino del Seri. Las cámaras de seguridad registraron después a Sergio Isaías saltando la reja de acceso y acercándose con un arma de fuego a la camioneta donde se encontraban Carolina y Jesús Ricardo.
Después de una discusión se escucharon detonaciones. La Fiscalía sostiene que “El Chabelo” asesinó a ambos, abordó la camioneta y condujo con los cuerpos en los asientos delanteros hasta el cruce del bulevar Antonio Quiroga y Camino del Seri.
Horas después, los servicios de emergencia encontraron los tres cuerpos dentro del vehículo. Sergio Isaías estaba en el asiento trasero con una pistola entre las manos. Los análisis detectaron residuos de disparo en ambas manos y, junto con las videograbaciones, los testimonios y los peritajes, permitieron a la Fiscalía concluir que cometió el feminicidio y el homicidio antes de suicidarse.
La violencia del narco también alcanza a las mujeres
El caso permite observar una dimensión del crimen organizado que suele quedar fuera de la cobertura centrada en decomisos, enfrentamientos, rutas de tráfico, disputas territoriales y detenciones. Las organizaciones criminales también están integradas por hombres que tienen parejas, exparejas y familias, y las dinámicas de violencia, acceso a armas y ejercicio del poder pueden extenderse a esos espacios.
Esto no implica establecer una relación automática entre narcotráfico y violencia feminicida. Sí obliga a considerar los riesgos particulares que pueden enfrentar las mujeres cuando la violencia de pareja ocurre dentro de un entorno criminal y el agresor dispone de armas, recursos o redes que pueden incrementar su capacidad de amenaza.
El feminicidio de Carolina concentra varios de esos elementos. Su pareja tenía antecedentes de violencia intrafamiliar, las autoridades documentaron un historial de violencia hacia ella y su familia declaró que había intentado dispararle apenas 15 días antes. Al mismo tiempo, “El Chabelo” estaba señalado como integrante de una red vinculada con el Cártel de Sinaloa.
La perspectiva de género permite que esos datos no aparezcan como antecedentes aislados, sino como parte del contexto de violencia que rodeaba a Carolina. Su asesinato también abre una pregunta más amplia sobre las posibilidades reales de protección para las mujeres que intentan salir de relaciones violentas cuando sus agresores forman parte de estructuras criminales y tienen acceso a armas.
El caso de Hermosillo no es solamente la historia de un presunto integrante del Cártel de Sinaloa que asesinó a dos personas y después se suicidó. También es la historia de una mujer que, según la propia investigación, enfrentaba violencia mucho antes de convertirse en víctima de feminicidio.


