La escritora mexicana Dahlia de la Cerda, reconocida por su trabajo sobre violencia de género, maternidades forzadas, aborto y desigualdad social, denunció haber sido blanco de una ola de acoso digital luego de que el comunicador Chumel Torres la señalara públicamente en redes sociales.
Tras su publicación en X, miles de cuentas comenzaron a atacarla con mensajes misóginos, clasistas y violentos, incluyendo amenazas de agresión sexual y de muerte. La presión terminó con la suspensión temporal de su cuenta, mientras el hostigamiento continuó fuera de la plataforma.
No fue una “pelea de Twitter”. Fue el manual completo de linchamiento digital en acción. Y, una vez más, activado por una figura con millones de seguidores.
Chumel Torres: el bufón disfrazado de disidente
Desde hace años, Chumel Torres se vende como una voz crítica, incómoda, irreverente. El comediante que “se atreve a decir lo que otros no”. Pero en la práctica, su personaje funciona mucho menos como opositor al poder y mucho más como una válvula de escape perfectamente funcional al sistema.
Chumel no incomoda a las estructuras económicas, no cuestiona los privilegios, no empuja los límites del debate. Su sátira se queda siempre dentro de lo seguro: burlarse del “pueblo”, atacar causas progresistas, ridiculizar movimientos sociales y disparar contra cualquiera que huela a derechos.
Mientras se presenta como disidente, su discurso termina reforzando los marcos más cómodos del liberalismo mexicano: capitalismo intocable, desigualdad convertida en chiste y una nostalgia constante por el “orden” neoliberal. Por eso no es casual que sus blancos frecuentes sean mujeres, activistas y voces críticas del sistema.
Dahlia de la Cerda: una voz que sí incomoda
Dahlia no es influencer improvisada. Es escritora, activista y una de las voces contemporáneas más visibles en torno a los derechos reproductivos y la violencia estructural contra las mujeres en México.
Su trabajo aborda lo que muchos prefieren no ver: maternidades forzadas, criminalización del aborto, pobreza, desigualdad y violencia machista.
En este caso, la escritora denunció que Chumel utilizó calificativos estigmatizantes para exponerla ante su audiencia, activando una narrativa que la convirtió en blanco legítimo de odio. Y la maquinaria hizo el resto.
Del chiste al castigo colectivo
Aunque formalmente Chumel no pidió atacar, el mecanismo es viejo y conocido:
Una figura con millones de seguidores señala, ridiculiza y estigmatiza para que la multitud digital ejecute.
En cuestión de horas, la conversación se transformó en una avalancha de insultos, amenazas y deshumanización, una forma de violencia digital que organizaciones de derechos humanos ya reconocen como violencia de género en línea.
Pero en el ecosistema actual, estas explosiones no son errores del sistema. Son su combustible.
Cuando la violencia también genera engagement
El caso expone algo más profundo que una polémica personal: cómo el conflicto se convirtió en producto.
Las plataformas premian la indignación, la polarización y el señalamiento público. Cuanto más agresivo es el escándalo, más circula.
Y figuras como Chumel no operan fuera de esa lógica: la dominan. La polémica no los cancela. Los posiciona. El acoso no es una consecuencia indeseada. Es una externalidad asumida.
La respuesta legal
Ante la magnitud del hostigamiento, Dahlia de la Cerda confirmó que inició acciones legales para frenar el acoso y sentar un precedente frente a prácticas cada vez más normalizadas en el ecosistema digital mexicano.
Su caso se suma al de periodistas, activistas y creadoras que han sido atacadas tras ser expuestas por figuras con enorme poder de arrastre.
