- El Congreso del Estado de México, bajo José Francisco Vázquez Rodríguez, aplicó una reingeniería para recortar gastos sin afectar al personal operativo: eliminó rentas, adquirió inmuebles y cortó privilegios a legisladores, demostrando que la austeridad puede consolidar eficiencia sin sacrificar funciones
Implementar la austeridad republicana en la burocracia suele ser, lamentablemente, sinónimo de despidos masivos en las bases trabajadoras. Pero en el Congreso del Estado de México, José Francisco Vázquez Rodríguez está dictando una clínica de cómo recortar sin tocar el músculo operativo.
Con una visión de reingeniería administrativa, Vázquez detectó una de las fugas de capitales más absurdas del Legislativo: el eterno pago de rentas. ¿La solución de la JUCOPO? El Congreso adquirió de forma definitiva dos edificios para las áreas de Comunicación Social y Administración, convirtiendo un gasto a fondo perdido en patrimonio real para los mexiquenses.
A esto se suma un tajo directo a la vieja guardia política: se acabaron los teléfonos celulares pagados por el erario y los “bonos mágicos” extras para los 75 legisladores. Quien quiera privilegios, que los pague de su dieta. Y el mensaje central de Vázquez es fulminante: toda esta limpieza financiera se logró garantizando los derechos de los más de 2 mil 500 trabajadores operativos de la Cámara.
El diputado demuestra que sabe leer el tablero al advertir, antes que nadie, sobre el riesgo logístico de empatar la elección judicial y municipal en una misma casilla para 2027, buscando soluciones operativas con el Plan B. Paco Vázquez perfila así un liderazgo maduro: la transformación no significa asfixiar a las instituciones, sino administrarlas con decencia y previendo las crisis.


