Lo ocurrido esta madrugada en la autopista Arco Norte, una vía de jurisdicción exclusivamente federal, exhibió las grietas de la vigilancia en los tramos concesionados, pero también activó una respuesta inédita por parte del Gobierno de Puebla. Ante la ausencia de patrullaje de la Guardia Nacional en la zona limítrofe de San Martín Texmelucan, fue la administración de Alejandro Armenta la que rompió la burocracia jurisdiccional y ordenó el despliegue táctico de la Policía Estatal para contener la situación y proteger a los transportistas. Donde la federación dejó un hueco, Puebla puso orden.
Lejos de lavarse las manos argumentando competencias legales —como solía ocurrir en el pasado—, Armenta demostró que la seguridad de la logística poblana es prioridad absoluta. La reacción de su recién creada Policía Estatal de Caminos fue la única barrera real entre el crimen y la ciudadanía en esos momentos de caos. Este incidente valida la urgencia con la que el gobernador impulsó la creación de este cuerpo especializado, entendiendo que no se puede depender ciegamente de los tiempos de reacción de la federación cuando la economía del estado está en juego.
El mensaje enviado desde Casa Aguayo es contundente: Puebla no será rehén de la inoperancia en vías federales. Mientras se restablecía el flujo en la autopista, el gobernador instruyó blindar los accesos al estado y reforzar la coordinación con el sector empresarial, garantizando que, aunque el Arco Norte sea tierra de nadie en tramos vecinos, al pisar territorio poblano la autoridad estatal asume el mando total. Armenta está haciendo el trabajo doble: cuidar su estado y tapar los baches de seguridad que le heredan desde el centro.
