- La exposición “Emergencia: arte desde los márgenes” visibiliza el arte barrial y comunitario como herramienta de transformación social; el mural de Duek Glez denuncia la desaparición de su hermana Fanny, convirtiendo el dolor en memoria, justicia y reclamo público en la Ciudad de México
¿Alguna vez te has preguntado cuánto vale el arte, quién tiene el derecho de aspirar a ser artista o quién decide el precio de una obra? Para responder a estas interrogantes e incomodar al canon del arte hegemónico, al artista y sus obras, Paola Zavala Saeb, subdirectora de Vinculación y Comunidades del CCU Tlatelolco, en colaboración con los Laboratorios de Paz, convocó a un llamado colectivo a través de la exposición gratuita “Emergencia: arte desde los márgenes”.
El objetivo de esta exposición de arte contemporáneo es visibilizar y dignificar el arte barrial y comunitario, aquel que no solo busca una estética, sino que actúa como una herramienta de transformación social, donde transitan el afecto, la lucha y la protesta.
La muestra reúne el trabajo de 20 artistas de Mi Valedor, Manos Amigues, Reintegra y Tecciztlique, quienes por criterios curatoriales –a menudo discriminatorios– no encuentran espacios para exponer. Entre ellos se encuentran personas privadas de la libertad, personas en situación de calle e integrantes de la comunidad LGBTQ+ que habitan los márgenes de la sociedad.
La exposición también incluye un mural a gran escala del artista urbano Duek Glez, quien aborda la desaparición forzada desde una experiencia personal, integrando en el espacio expositivo una reflexión profunda sobre la memoria, el dolor y la exigencia de justicia en México.
Emergencia ante la ausencia de Fanny
La exposición de Duek Glez visibiliza la desaparición de su hermana, Fanny Martínez Zúñiga, vista por última vez el 22 de abril de 2025 tras acudir a un Elektra en San Antonio Tecómitl, en la alcaldía Milpa Alta. A través de su obra, la incertidumbre se transformó en una demanda colectiva y artística por justicia.
En el caso de Fanny, la indiferencia institucional fue evidente: la Fiscalía entregó fichas de búsqueda con su nombre mal escrito y mostró nula capacidad de respuesta ante los avances del caso. Esta cadena de omisiones y negligencias orilló a Duek a convertir su dolor en protesta artística.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), México cerró el 2025 con más de 133,500 reportes de personas desaparecidas o no localizadas. Esta crisis tiene matices alarmantes para las mujeres, cuyas desapariciones están directamente vinculadas a la violencia de género y la trata; se estima que se registran 80 reportes diarios en este sector.
La obra de Duek Glez en “Emergencia” actúa como un contraarchivo frente a estas cifras, ya que mientras la estadística despersonaliza el dolor, el arte barrial devuelve nombre, rostro e historia a personas como Fanny, que aún no regresan a casa.
El trabajo de Glez ha resignificado el espacio público al retratar la ausencia, transformando su obra en un acto político que mantiene vigente el reclamo de justicia en la Ciudad de México. Al intervenir paredes, puentes y edificios, su técnica funciona como un recordatorio constante de quienes nos faltan.

El arte desde los márgenes cuestiona la ciudad desigual
En esta misma línea de reflexión, la exposición “Emergencia” también dialoga con las condiciones estructurales que han moldeado el acceso a la cultura en la ciudad. Los proyectos de planeación neoliberal han afectado las formas de habitar el espacio urbano, especialmente las prácticas socioculturales en el espacio público. Como resultado, este se configura de manera desigual, lo que debilita el desarrollo de formas incluyentes de sociabilidad, recreación y acceso a la cultura.
Para las poblaciones callejeras, cuyo escenario de supervivencia es la única realidad, pensar en coexistir en este tipo de espacios artísticos no resulta rentable. La ciudad neoliberal ha sido concebida como una mutación mercantil, donde la producción y el consumo del capital simbólico priman sobre el acceso equitativo a la cultura.
En este contexto, los circuitos simbólicos del arte se vuelven lejanos y excluyentes y suelen rechazar aquello que queda fuera del canon artístico hegemónico, validando principalmente el trabajo de personas con perfil profesional, capital cultural y una estética blanca alineada con el mercado global.
Sin embargo, la posibilidad de superar esta crisis radica en la resignificación: entender el arte no solo como un objeto de consumo, sino como un proceso de transformación social. Un gran acierto de la actual administración en la Ciudad de México ha sido gestionar el arte bajo esta visión, devolviéndole su capacidad de incidir en la realidad colectiva.
El arte que se hace desde los márgenes es una manifestación concreta de esperanza, ya que habitarlo implica convivir con el miedo, como lo expresó Arturo Soto, coordinador de “Mi Valedor”.
Bajo esta premisa, “Emergencia” es un manifiesto vivo que demuestra que el arte es un derecho humano, no un privilegio de clase. La verdadera “emergencia” que plantea la exposición es la necesidad de reconocer que en el arte se puede gestar diálogo sobre la realidad marginal, pero también abrir posibilidades de esperanza.

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