Grok mintió sobre Irán y los mercenarios de la prensa lo usaron: así opera la desinformación con intereses

Una inteligencia artificial desmintió a una agencia de noticias con periodistas verificando sobre el terreno. Miles de personas le creyeron a la IA. Nadie buscó la fuente original. Y en varios países, quienes más rápido compartieron la mentira tenían algo en común: razones políticas muy concretas para querer que la agencia perdiera credibilidad.Esto no es una historia sobre tecnología. Es una historia sobre poder.


¿Qué pasó?

El 28 de febrero, un bombardeo destruyó la escuela primaria femenina Shajareh Tayyebeh en Irán. Más de 150 personas murieron. La agencia EFE cubrió el hecho, difundió el video y lo verificó. Reuters y el New York Times lo confirmaron de forma independiente.

Pero un usuario de X le preguntó a Grok —la inteligencia artificial integrada en la red de Elon Musk— si el video era auténtico. Grok respondió que no. Que las imágenes correspondían a un ataque en Kabul en 2021. Que EFE estaba difundiendo contenido falso.

La acusación se viralizó. Influencers con millones de seguidores, medios internacionales y usuarios de todo el mundo la compartieron sin verificar nada. EFE tuvo que emitir un desmentido público. Horas después, Grok rectificó y reconoció su error.

Pero el daño ya estaba hecho. La mentira llegó a millones. La corrección, a pocos. Así funciona la desinformación en 2026.


El componente ecuatoriano que nadie está nombrando

La historia podría terminar ahí. Pero no termina.

En Ecuador, dueños de medios y periodistas que reciben financiamiento estatal del gobierno de Daniel Noboa se apresuraron a usar el error de Grok para atacar públicamente a EFE. Uno de ellos, propietario de una radio que percibe alrededor de 17 mil dólares mensuales del Estado, publicó: “EFE se equivoca otra vez.”

La pregunta es obligatoria: ¿por qué les importa tanto desacreditar a EFE?

La respuesta está en los archivos. EFE es la agencia que publicó el testimonio de alias “Pipo”, el narcotraficante que acusó al presidente Noboa de tener vínculos con el crimen organizado y de ordenar el asesinato del periodista Fernando Villavicencio. Una información que el gobierno ecuatoriano nunca ha podido desmentir con pruebas, solo con presión mediática.

La operación es simple pero efectiva: si logran que la audiencia no le crea a EFE en coberturas internacionales, también logran que no le crea cuando informa sobre Ecuador. No les importaron las niñas muertas en Irán. Les importó el contexto político doméstico.

Eso no es periodismo. Es una operación de desprestigio disfrazada de preocupación por la desinformación.


Grok no es neutral. Ninguna IA lo es.

Vale la pena detenerse aquí y ser muy claros: Grok no es una herramienta independiente que busca la verdad. Es una inteligencia artificial creada y financiada por Elon Musk —el mismo que adquirió X para controlar narrativas globales, que financia activamente movimientos de ultraderecha en Europa y América, y que figura en los archivos de Jeffrey Epstein, publicados en 2024.

Las inteligencias artificiales no tienen ética periodística. No tienen fuentes verificables. No rinden cuentas ante nadie. Cuando Grok comete un error que destruye la credibilidad de una agencia de noticias, puede decir “los errores pasan” y seguir funcionando sin consecuencia alguna. Ningún periodista tiene ese privilegio.

El Consejo de Redacción de EFE fue contundente: Grok “atacó nuestra credibilidad” con información falsa que se propagó sin control. La institución exigió explicaciones. La IA no las dio.


La verificación como acto político

Este episodio expone algo que va mucho más allá de un error algorítmico: vivimos un momento en que deslegitimar a los medios de comunicación se ha convertido en una industria. Y sus principales clientes son gobiernos autoritarios, magnates tecnológicos y grupos económicos que necesitan que la ciudadanía no sepa en quién confiar.

Esto no significa que todos los periodistas sean honestos ni que todas las agencias estén libres de sesgos. EFE ha cometido errores propios que merecen crítica. Pero existe una diferencia crucial entre la crítica legítima al periodismo y la operación coordinada para destruir la confianza en cualquier fuente que no responda a intereses del poder.

Verificar hoy es un acto político. Preguntarse quién financia una IA, qué intereses mueven a un medio o por qué cierto titular aparece en cierto momento es lo mínimo que podemos hacer como ciudadanos en un ecosistema informativo donde la mentira viaja más rápido que la verdad.

Lo que Grok hizo con EFE esta semana fue, en miniatura, lo que los poderes hegemónicos llevan años haciendo con el periodismo independiente: sembrar duda, amplificar el error y silenciar la corrección.

La narrativa que necesitan estos gobiernos de ultraderecha y estos magnates tecnológicos es una sola: que la mentira circule libre y que la verdad cueste trabajo encontrarla.

Somos nosotros, como audiencia crítica, quienes tenemos que exigir verificación. No como ingenuidad, sino como resistencia. 🔍

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