Si no hay balazos, el gobierno es cómplice; si hay balazos y caen los capos, el gobierno es incapaz de mantener la paz. Es la gata de Angora de la política mexicana. | Maximiliano Pineda
La caída de Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, alias “El Mencho“, el 22 de febrero de 2026, ha servido como el catalizador definitivo para desnudar las contradicciones más hilarantes de la esfera política mexicana. Tras un operativo de tono quirúrgico en Tapalpa, Jalisco, que terminó con el líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) siendo identificado genéticamente por la Fiscalía General de la República (FGR), el país se encontró con una realidad que la narrativa opositora no sabe cómo procesar.
Resulta fascinante observar cómo los mismos sectores que durante años se desgarraron las vestiduras exigiendo el fin de la estrategia de “abrazos, no balazos” por considerarla una claudicación, hoy, ante el estruendo de los balazos dirigidos a los objetivos prioritarios, se persignan y denuncian un “país en llamas”.
Esta disonancia cognitiva es el eje central de un cambio de paradigma en la seguridad pública que, bajo la administración de Claudia Sheinbaum, ha logrado en menos de dos años lo que el sexenio del “Comandante Borolas” no pudo hacer ni con todo su despliegue de testosterona gubernamental y un secretario de Seguridad que hoy duerme en una celda neoyorquina.
El ocaso de “El Mencho” y la “paz” de los zoológicos
El operativo en Tapalpa no fue un evento fortuito, sino el resultado de un seguimiento meticuloso que involucró el rastreo de una pareja sentimental del capo, lo que permitió a las fuerzas especiales de la Secretaría de la Defensa Nacional (SEDENA) y la Fuerza Aérea Mexicana establecer un cerco inexpugnable.
El enfrentamiento fue de una intensidad propia de una superproducción de Hollywood, pero con la tragedia real de la pérdida de 25 elementos de la Guardia Nacional que cayeron en cumplimiento de su deber. Mientras el CJNG respondía con lanzacohetes RPG-7 rusos y narcobloqueos en 14 estados, la narrativa conservadora entraba en cortocircuito.
Resulta particularmente cómico que quienes pedían “mano dura” ahora se quejen de que la gente tuvo que pernoctar en el Zoológico de Guadalajara para resguardarse de la violencia. Parece que la oposición prefiere la “paz” de los panteones que caracterizó el inicio del sexenio de Felipe Calderón, donde los enfrentamientos no eran para detener capos, sino para ver quién protegía mejor al Cártel de Sinaloa mientras su mano derecha, Genaro García Luna, recolectaba maletas llenas de dólares.
La caída de este líder, sumada a la captura de Ismael ‘El Mayo’ Zambada en julio de 2024, coloca a la administración de Claudia Sheinbaum en una posición de superioridad operativa indiscutible. Mientras Calderón presumía detenciones de lugartenientes de tercera categoría que luego resultaban ser “chivos expiatorios” o funcionarios del “Michoacanazo” que quedaban libres por falta de pruebas, la estrategia actual ha descabezado a las dos organizaciones más poderosas del planeta en un tiempo récord.
La métrica del desprecio: Sheinbaum vs. el fantasma de 2006
En el inframundo de las estadísticas, ese lugar donde los argumentos de la oposición suelen morir con un “¿a poco tú sí les crees?”, como si no llevaran varios sexenios creyéndoles con los ojos cerrados a los datos que arroja el INEGI, en fin. Al cierre de 2025, el gabinete de seguridad reportó una disminución del 37% al 40% en los homicidios dolosos en comparación con el promedio diario de septiembre de 2024. Esta reducción significa que aproximadamente 34 personas dejan de ser asesinadas cada día en el país, un dato que para los conservadores parece ser invisible entre tanto tuit de indignación manufacturada.
En contraste, el inicio del sexenio de Felipe Calderón fue el “Big Bang” de la violencia moderna en México. En 2007, la tasa de homicidios era de 9.5 por cada 100,000 habitantes, pero para 2008, tras el inicio de su mal llamada “Guerra contra el Narco”, la cifra saltó a 14,006 asesinatos, un aumento que no se detendría hasta superar los 120,000 muertos al final de su gestión. Lo irónico es que hoy se elogia a Calderón como si su periodo hubiera sido un retiro espiritual en la Toscana, ignorando que fue la época en la que las masacres se volvieron el pan de cada día a la luz del sol.
La disminución de la violencia bajo la administración actual no es solo una cuestión de percepción. Delitos de alto impacto como el robo con violencia han caído un 39.7%, y el robo de vehículo con violencia, un 31.8%, demostrando que la estrategia de Harfuch no solo va por las cabezas de “king geedorah”, sino que está atacando los tentáculos que asfixian al ciudadano común. Pero claro, para la oposición estas cifras son probablemente “datos alternos” generados por la misma “dictadura” que se atreve a detener a los narcos que ellos dejaron crecer mientras su secretario de Seguridad se tomaba fotos con la DEA.
El factor Harfuch y la inteligencia sobre la testosterona
La implementación de la Estrategia Nacional de Seguridad bajo el mando de Omar García Harfuch ha demostrado que la inteligencia policial y la coordinación institucional son mucho más efectivas que salir a las calles vestido de militar con una chaqueta que te queda grande. El enfoque de Harfuch se basa en cuatro pilares: atención a las causas (esos abrazos que tanto le arden a la derecha), consolidación de la Guardia Nacional, fortalecimiento de la inteligencia y una coordinación real entre el gabinete federal y los estados.
Un ejemplo palpable es el estado de Guanajuato. Tras años de ser el epicentro de la tragedia nacional bajo gobiernos locales que preferían mirar hacia otro lado, la intervención federal ha logrado una reducción histórica del 65% en homicidios dolosos entre febrero de 2025 y enero de 2026. Se han detenido a 4,400 generadores de violencia y se han desmantelado laboratorios clandestinos que representaban pérdidas superiores a los 50,000 millones de pesos para los cárteles.
Resulta irónico, por decir lo menos, que la oposición califique este modelo como “militarizado” cuando el propio Harfuch ha insistido en que la seguridad no se politiza y que la inteligencia es la clave para evitar el derramamiento de sangre innecesario. Parece que, para el conservadurismo, la única forma válida de combatir el crimen es lanzando granadas en plazas públicas, como ocurrió en Morelia en 2008, o dejando que los cárteles se peleen entre ellos mientras el gobierno federal les da el visto bueno.
Balazos que causan amnesia
Hay una ironía suprema en el discurso conservador actual. Ahora resulta que los mismos que se mofaban de la “inacción” del gobierno, en el momento en que se ejecutan operativos de alto nivel como el de Tapalpa, salen a decir que el país está pasando por “mucha violencia”. Es decir, si no hay balazos, el gobierno es cómplice; si hay balazos y caen los capos, el gobierno es incapaz de mantener la paz. Es la gata de Angora de la política mexicana: si se la meten, grita; y si se la sacan, llora.
Mientras tanto, se ponen a elogiar a Felipe Calderón como si su sexenio no hubiera sido una carnicería constante. Recordemos que bajo su “mando” ocurrieron atrocidades como la de Villas de Salvárcar, donde 16 estudiantes fueron masacrados en una fiesta. Calderón, con la sensibilidad de un bloque de granito, declaró desde Japón que los jóvenes eran “pandilleros” y que “si los mataron es porque en algo andaban”. ¿Esa es la “eficiencia” que extrañan? ¿La de criminalizar a las víctimas mientras su mano derecha, García Luna, ayudaba al Chapo Guzmán a meter toneladas de cocaína por el Aeropuerto de la Ciudad de México?
Es fundamental recordarle a los nostálgicos del plomo que García Luna no fue un “error de cálculo”, sino el arquitecto de una simulación que dejó al país con más de 120,000 muertos y 20,000 desaparecidos. El hecho de que hoy el PAN intente desmarcarse de él diciendo que “lo conocieron por 30 segundos” es tan creíble como decir que “El Mencho” era un pacifista incomprendido.
Granjas de bots: el circo argentino que no asusta a nadie
Para completar el cuadro de la comedia política, no podemos ignorar el esfuerzo desesperado de las granjas de bots que ahora parecen operar con renovado brío desde Argentina, bajo el auspicio del eje Milei-Atlas Network. Estos ejércitos digitales, que cobran unos 25 dólares por cada 10,000 retuits, han intentado fabricar una narrativa de “caos total” en México a través de etiquetas como #NarcoPresidenta y #LutoNacional.
Se ha detectado que la “Gran Marcha del 15 de Noviembre” de 2025 fue inflada artificialmente por cuentas creadas en 2024 que se reactivaron mágicamente para simular un descontento social que las encuestas de aprobación simplemente no reflejan. El uso de inteligencia artificial para crear imágenes de edificios históricos en llamas es el último recurso de una derecha que ha perdido la batalla en las calles y ahora intenta ganarla en los servidores de Buenos Aires.
Lo que estos estrategas del “like” no entienden es que las granjas de bots no pueden cambiar el hecho de que el gobierno de la presidenta Sheinbaum está teniendo resultados palpables. No hay algoritmo que pueda ocultar una reducción del 65% en homicidios en Guanajuato o la caída de los líderes más buscados del mundo. Mientras ellos invierten 20 millones de pesos en intoxicar la conversación digital, el gabinete de seguridad sigue desmantelando laboratorios y debilitando las estructuras financieras del narco.
El Mayo y la soberanía: entrega sin bajarse los pantalones
La detención de Ismael ‘El Mayo’ Zambada en julio de 2024 fue el primer gran golpe que marcó la transición hacia esta era de eficiencia soberana. A diferencia de los tiempos de Calderón, donde la DEA hacía y deshacía a su antojo en territorio nacional, el gobierno actual ha mantenido una postura de firmeza exigiendo claridad sobre los procedimientos de extracción del capo. La presidenta Sheinbaum ha sido clara: la cooperación con Estados Unidos se basa en la reciprocidad, no en la subordinación.
Resulta cómico que la oposición califique la relación con Donald Trump como una “amenaza” cuando los resultados muestran que México ha tomado la iniciativa en la incautación de fentanilo y armas, dejando sin argumentos a quienes en Washington pedían intervenciones directas. La “Operación Frontera Norte” ha desplegado 10,000 elementos que han logrado incautaciones récord, demostrando que México puede ser un aliado fuerte sin necesidad de entregar la soberanía nacional en una bandeja de plata.
Entonces, la realidad se impone a la sátira
La administración de Claudia Sheinbaum ha logrado consolidar un modelo de seguridad que, a pesar de las críticas viscerales de una oposición en decadencia, arroja resultados que son histórica y estadísticamente superiores a los de sus predecesores. La caída de figuras como “El Mencho” y “El Mayo” no son eventos aislados, sino la consecuencia lógica de una estrategia que ha dejado de proteger a unos para combatir a todos, bajo un mando civil que privilegia la inteligencia sobre la pirotecnia mediática.
Es evidente que el país aún enfrenta desafíos enormes, como el aumento de las desapariciones y la persistencia de la extorsión en algunas regiones, pero intentar comparar la situación actual con el desastre humanitario de 2006-2012 es un ejercicio de deshonestidad intelectual que solo la derecha mexicana es capaz de realizar con la cara lavada. Mientras ellos siguen rezándole al fantasma de García Luna y comprando bots en Argentina, México avanza con una tendencia a la baja en la violencia que salvaguarda la vida de miles de ciudadanos que antes eran considerados simples “daños colaterales”.
La lección de estos primeros dos años es clara: para pacificar al país no se necesitaba un “guerrero” de Twitter vestido de militar, sino una jefa de Estado con la voluntad de implementar inteligencia, coordinación y, sobre todo, una limpieza profunda en las instituciones que durante décadas fueron el patio de recreo de los capos. Que sigan los balazos contra la impunidad y los abrazos contra la desigualdad, porque, al final del día, los únicos que parecen extrañar la guerra son aquellos que nunca tuvieron que pelearla, pero siempre supieron cómo lucrar con ella.
