
Este miércoles, José Antonio Kast recibió la banda presidencial de manos de Gabriel Boric en el Palacio de La Moneda. Chile amaneció con un nuevo gobierno; y con él, la ultraderecha latinoamericana suma otro país a su mapa.
No es un dato menor: Kast es el primer mandatario abiertamente pinochetista en asumir el poder en Chile desde el fin de la dictadura militar en 1990. Treinta y cinco años después, el proyecto que Pinochet dejó inconcluso tiene un heredero político con banda presidencial.
¿Quién es José Antonio Kast?

Kast nació en 1966 en Paine, hijo de un inmigrante alemán que llegó a Chile después de la Segunda Guerra Mundial. Inició su carrera política en 2002 como diputado de la Unión Demócrata Independiente (UDI), el partido que históricamente representó a los sectores más cercanos a la dictadura de Pinochet.
En 2016 rompió con esa colectividad por considerar que se alejaba de sus principios originales y fundó el Partido Republicano, de ultraderecha, inspirado abiertamente en los movimientos conservadores que en ese momento comenzaban a ganar terreno en Europa y Estados Unidos.
Llegó dos veces antes a segunda vuelta presidencial, perdiendo en 2021 ante Gabriel Boric. En diciembre de 2025 lo logró: venció a la candidata de izquierda Jeannette Jara con un aplastante 58.2% de los votos, el mayor triunfo electoral de la derecha en la historia democrática chilena.
“Dios, patria y familia”: la ideología que llega a La Moneda
Kast no es un conservador moderado. Es un político que construyó toda su carrera sobre las posiciones más extremas del espectro de la derecha latinoamericana, y que llegó al poder sin suavizar ninguna de ellas.
Sus posiciones más polémicas incluyen:
- Defensa pública de la dictadura de Pinochet y propuestas para indultar a militares condenados por violaciones a los derechos humanos durante el régimen
- Rechazo absoluto al aborto, incluyendo en casos de violación o riesgo de vida de la madre
- Oposición al matrimonio igualitario, a las uniones civiles entre personas del mismo sexo y a cualquier política de diversidad sexual en el Estado
- Resistencia a la educación sexual en las escuelas públicas, bajo el argumento del “derecho preferente de los padres”
- Propuesta de construir una zanja en la frontera norte para frenar la migración, similar al muro de Trump en la frontera con México
- Tipificar la migración irregular como delito y deportaciones masivas
- Cierre de FLACSO Chile, la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, a la que calificó de centro de adoctrinamiento izquierdista
- Creación de un “registro único de vándalos” que prive de beneficios estatales a jóvenes que “violen la ley y a sus padres”
La red internacional que lo sostiene
Kast no llega solo al poder. Es parte de una red articulada de líderes ultraconservadores que en los últimos años ha ido conquistando gobiernos en todo el mundo.
El primero en felicitarlo tras su victoria fue Javier Milei, el presidente argentino, cuyo hermano Axel Kaiser — referente de la extrema derecha regional y directivo de la Fundación Faro — tiene vínculos directos con el entorno de Kast. También lo celebraron Donald Trumpy Giorgia Meloni desde Italia.
A la ceremonia de cambio de mando llegó el Rey Felipe VI de España. Lula da Silva, presidente de Brasil, canceló su asistencia — un gesto político que habla por sí solo. La opositora venezolana María Corina Machado también estuvo entre los invitados.
El patrón es claro: Kast es la pieza chilena de una agenda global coordinada que incluye desmantelamiento del Estado de bienestar, persecución a la migración, recorte de derechos a mujeres y disidencias sexuales, y alineamiento irrestricto con Washington.
Lo que dejó Boric — y lo que Kast promete deshacer—
Gabriel Boric llegó al poder en 2022 con la promesa de transformar el modelo económico heredado de la dictadura. Cuatro años después, su gobierno terminó con avances en derechos sociales pero sin lograr la reforma constitucional que era el corazón de su proyecto político — el plebiscito fue rechazado dos veces.
Kast prometió en campaña revertir las reformas laborales, endurecer la política migratoria, recortar el gasto social, privatizar sectores estratégicos y alinear la política exterior chilena con Estados Unidos e Israel. Todo ello bajo el lema que repite desde hace años: “Sin seguridad no hay paz, sin paz no hay democracia, y sin democracia no hay libertad.”
Una frase que suena bien hasta que recuerdas que la pronuncia el mismo hombre que quería indultar a los torturadores de Pinochet.
Análisis
La llegada de Kast al poder no es solo un cambio de gobierno. Es la consolidación de un proyecto político que lleva décadas construyéndose desde los márgenes del sistema democrático chileno y que hoy ocupa su centro.
Chile fue el laboratorio del neoliberalismo en los años 70, cuando los Chicago Boys aplicaron su doctrina de choque sobre un pueblo que no tuvo voto. Hoy, ese mismo modelo regresa, esta vez con urnas y porcentajes. La diferencia es que ahora tiene el respaldo de una ciudadanía que, hastiada por la inseguridad y la crisis económica, eligió la mano dura sobre los derechos.
El riesgo no es solo para Chile. Es para toda la región. Cada vez que la ultraderecha gana un gobierno, normaliza su agenda, la hace posible en el país vecino y fortalece la red global que la sostiene. Milei en Argentina, Kast en Chile, Trump en Estados Unidos. El mapa se está completando.
Y mientras tanto, las mujeres, los migrantes, las disidencias sexuales, los pueblos originarios y los trabajadores chilenos ya saben lo que se viene. Lo han visto antes. Lo vivieron. En carne propia. Con otro nombre
